Hay anuncios que se entienden mejor por lo que no dicen. Meta, la empresa detrás de Facebook, Instagram y WhatsApp, anunció este lunes 26 de octubre que planea captar hasta 95.000 millones de dólares vendiendo acciones. El destino: pagar su expansión en inteligencia artificial. La cifra impresiona, pero el verdadero titular es otro: ni siquiera una de las compañías más ricas del planeta puede financiar sola la carrera de la IA con el dinero que genera. Cuando el negocio que te hizo gigante ya no alcanza para pagar el siguiente paso, sales a pedirle al mercado. Y eso es exactamente lo que acaba de hacer Mark Zuckerberg.

El plan llega en un momento delicado para las grandes tecnológicas. Las inversiones en IA no paran de crecer, pero los inversores empiezan a preguntar en voz alta cuánto dinero van a terminar generando y cuándo se recuperará lo gastado. La semana pasada, el índice Nasdaq tuvo su peor día desde junio, y Meta cayó un 7% en bolsa aunque sus resultados superaron lo esperado. El mensaje del mercado fue claro: ya no basta con prometer el futuro, hay que enseñar cómo se paga.

Sede de Meta en Menlo Park, California, con el letrero del logo en la entrada

Qué anunció Meta exactamente

El plan se divide en dos partes muy distintas, y conviene no mezclarlas. La primera ya está en marcha: unas ofertas públicas por alrededor de 35.000 millones de dólares. De esa cantidad, unos 22.500 millones corresponden a acciones ordinarias de clase A, vendidas mediante acuerdos de venta a futuro con Morgan Stanley y Goldman Sachs. La segunda parte son unos 12.500 millones en acciones preferentes convertibles obligatorias, que se venderán como 250 millones de certificados de depósito y cotizarán en el Nasdaq con el símbolo METAM. Esos títulos se convertirán automáticamente en acciones ordinarias alrededor del 15 de agosto de 2029.

La segunda parte del plan, la más grande, todavía no existe más que en papel: un programa de venta en el mercado, conocido como ATM, por hasta 60.000 millones de dólares en acciones de clase C sin derecho a voto. Ese programa no arrancaría hasta el primer trimestre de 2027, cuando esa nueva clase de acciones empiece a cotizar. Meta misma lo dice sin rodeos: todavía no ha firmado ningún acuerdo para ese programa y no hay ninguna garantía de que se concrete. Sumando las dos partes sale la cifra que encabeza todos los titulares, 95.000 millones, pero hoy solo una parte está realmente en camino.

Por qué Meta necesita tanto dinero

La respuesta corta es que construir la infraestructura de la IA se ha vuelto obscenamente caro. Meta espera gastar entre 135.000 y 145.000 millones de dólares solo este año en inversiones de capital: centros de datos, capacidad de cómputo, energía y refrigeración para entrenar modelos y servirlos a miles de millones de usuarios. La semana pasada, la compañía ya había elevado el piso de esa previsión, que antes partía de 130.000 millones. Y eso es solo el año en curso: Meta tiene compromisos futuros por unos 825.000 millones de dólares, impulsados sobre todo por centros de datos e infraestructura de IA.

Las cuentas del tercer trimestre explican por qué la empresa decidió salir a buscar dinero ahora. Meta facturó 64.600 millones de dólares, por encima de los 63.370 millones que esperaba Wall Street, y proyecta entre 73.000 y 76.000 millones para el cuarto trimestre. Pero al mismo tiempo quemó 2.120 millones en efectivo, su primer flujo de caja libre negativo en más de diez años, frente a un flujo positivo de 10.630 millones un año atrás. Al 30 de septiembre tenía 82.450 millones en efectivo, equivalentes y valores negociables, apenas por encima de su deuda a largo plazo de 80.920 millones. Es decir: la caja ya no sobra, y los planes no se achican. Algo tenía que ceder, y cedió la idea de pagarlo todo con recursos propios.

Retrato de Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta

El matiz que cambia la lectura

Vale la pena detenerse en un detalle que muchos titulares pasaron por alto: los 95.000 millones son un plan de recaudación, no dinero que Meta ya tenga en el banco. La oferta de acciones de clase A se hace con ventas a futuro, lo que significa que Meta no recibirá ese efectivo de inmediato: el pago llegará cuando se liquiden los acuerdos, en una o varias fechas hasta el 19 de noviembre de 2027 como máximo. Los términos de las preferentes convertibles, incluido el dividendo, se fijarán al momento de ponerles precio. Y el programa de 60.000 millones depende de que las acciones de clase C empiecen a cotizar y de que las condiciones del mercado acompañen.

Nada de esto hace que el anuncio sea menos relevante. Al contrario: muestra hasta qué punto la carrera de la IA se financia hoy con expectativas. El dinero se pide prestado contra un futuro en el que la IA generará retornos enormes, pero esos retornos todavía no están en las cuentas. Un economista de Apollo lo resumió esta misma semana con un dato incómodo: fuera de las grandes tecnológicas, los márgenes y los ingresos por trabajador de las empresas del S&P 500 siguen planos pese a toda la inversión en IA. La apuesta es gigantesca y, por ahora, la evidencia de que pague es parcial.

Los que venden los chips también compran acciones

Hay un detalle del anuncio que dice mucho sobre cómo funciona esta industria. Nvidia, AMD y Broadcom, las tres empresas que fabrican buena parte de los chips que Meta necesita para sus centros de datos, expresaron interés en comprar hasta 5.000 millones de dólares en conjunto de las nuevas acciones de clase A, al mismo precio y en las mismas condiciones que el resto de los compradores. No es un compromiso vinculante: pueden terminar comprando más, menos o nada. Pero el gesto es elocuente: los proveedores de la materia prima de la IA también quieren ser socios del negocio.

Es un círculo que se retroalimenta. Meta les compra chips a estas empresas, y estas empresas le devuelven parte de ese dinero comprando acciones de Meta. En una carrera donde todos dependen de todos, nadie quiere quedarse fuera de la mesa. Y para Meta, tener a Nvidia, AMD y Broadcom entre sus accionistas es también una señal para el resto del mercado: los que mejor conocen la demanda real de hardware están dispuestos a poner dinero.

El mercado ya empezó a hacer preguntas

La reacción inicial de la bolsa resume el debate. Las acciones de Meta cayeron más de un 4% cuando el mercado empezó a digerir el anuncio y luego repuntaron más de un 2% en el premercado. No es una celebración ni un castigo: es duda. Los inversores están tratando de decidir si este plan es una muestra de fortaleza, porque Meta se adelanta a sus necesidades de capital, o una señal de que la fiesta de la IA sale más cara de lo previsto.

El contexto no ayuda a despejar la duda. El mismo fin de semana, Elon Musk contó en X que SpaceX cerró 40.000 millones de dólares en deuda para comprar procesadores gráficos, y advirtió que el crédito se está cerrando para las empresas sin ingresos sólidos fuera de los centros de datos. Dos gigantes pidiendo decenas de miles de millones en cuestión de días, uno con acciones y otro con deuda, para comprar esencialmente lo mismo: capacidad de cómputo. La carrera de la IA ya no se corre solo en los laboratorios; se corre en los mercados financieros.

Mientras tanto, la competencia no se detiene. Meta dice que su objetivo es la superinteligencia personal, y para alcanzarla compite directamente con OpenAI y Anthropic, que también queman efectivo a un ritmo vertiginoso. Anthropic, sin ir más lejos, presentó este mismo lunes su solicitud para salir a bolsa en Estados Unidos. Y mientras Google presume de una IA que completó Minecraft sin ayuda humana, Meta tiene que demostrar que su apuesta no es solo grande, sino rentable.

Qué vigilar a partir de ahora

El plan de Meta deja varias fechas marcadas en el calendario. La primera es el primer trimestre de 2027, cuando se sabrá si el programa de acciones de clase C arranca de verdad y en qué condiciones. La segunda es noviembre de 2027, el plazo máximo para liquidar las ventas a futuro de las acciones de clase A. Y la tercera es mucho más inmediata: esta misma semana se conocen los resultados de Alphabet y Microsoft el miércoles y de Amazon el jueves, y el mercado leerá en ellos si el gasto en IA está pagando o no.

Para los usuarios de a pie, todo esto se traduce en algo concreto: la empresa que decide qué aparece en tu feed, qué influencers de IA inundan Instagram y qué asistentes te responden cada día está apostando su futuro a que la IA valga lo que cuesta. Si la apuesta sale bien, veremos productos más capaces y centros de datos más grandes. Si sale mal, la resaca la pagarán los accionistas primero y los usuarios después, con menos inversión en todo lo demás.

Y una nota de contexto para no perder la perspectiva: la tecnología no se detiene mientras las bolsas debaten. Apple acaba de agotar su primer iPhone plegable y los jugadores cuentan los días para el lanzamiento de GTA 6, ya a menos de un mes. El dinero manda en la industria, pero al final lo que queda son los productos. Meta acaba de pedir 95.000 millones para construir los suyos. Ahora toca ver si el mercado se los da, y si la IA se los devuelve.

Centro de datos de Meta en Prineville, Oregón, una de las instalaciones que alimentan su infraestructura de IA

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Categorías: Tecnología